Cenizas
Tardé en darme cuenta que era a mí a quién iban a entregar las cenizas de Oli. Era muy fuerte pensar en eso. Pasamos 22 días juntas en el hospital y ahora regreso a mi casa con las cenizas de Oli en mis brazos. Me explico ahora porque no pude nunca despedirme.
Ella se entregó a mí y aún cuando ya no tengo sus cenizas a mi lado sigue aquí...dentro, muy dentro de mi corazón.
Fuerza de atracción inevitable
Niñas fuimos y la vida una aventura por vivir. Mano a mano, paso a paso, mi compañera de vida, de suerte, de los días de la infancia, de las tardes de la adolescencia, de los juegos y los ritos, de los cuerpos que cambian y se transforman en otros, mientras que nuestros brazos siguen entrelazados. Mi espejo, mi complice, mi niña, mi nena...mi hermana, mi Oli, mi más grande amor.
42 años
Mi niña Oli de cuarenta y dos años se quedó estacionada por ahí en la adolescencia. Se llenó de estrellas y fantasías, de duendes y princesas. Su niña me llama, la abrigo, le doy cariño, la apapacho. Su niña es dulce y tierna. Hace berrinches y a mi me gustan. Le doy de comer en la boca. Le peleo para que coma un poquito más cada vez, la obligo a comerse las verduras que no le gustan y me deja de hablar, me hace muecas.
continuara...
Lavinia y su hermana Emily
Rotmi Enciso
Uno de los acontecimientos mas dolorosos y sorprendentes en nuestra vida es la muerte de un ser querido. Morimos en parte al mismo tiempo. Muere un trozo de la historia compartida y no encontramos consuelo. La muerte es el suceso que nos hace ver la vida desde la muerte misma. La orilla del abismo se asoma para hacernos sentir el vértigo.
Cuando murió mi hermana Olivia (hace 19 meses) yo morí con ella, cuando abrí mis ojos de nuevo y me di cuenta que seguía viva me dolió el cuerpo, me dolió el viento, me dolió profundamente sentir que yo si estaba viva y entonces quería morir, ( morir de verás), morir con Oli, morir, simplemente morir. Pero seguí viva y volví a caminar, a veces mas lento, a veces sin tiempo. Me fui unas semanas a un lugar donde las montañas (inmensas) estaban frente a mi y todos los días el amanecer era un espectáculo maravilloso, y ahí en una cita cotidiana llegaba puntual un pajarito (un poco azul, un poco rojo) dando par de toquecitos con su pico en mi ventana y yo esperanzada le decía “Hola Oli”, quería creer que era mi hermanita convertida en pájaro y venia a darme un saludo para mitigar mi tristeza., después llegó el duelo.
El duelo es un camino que cada quien recorre como puede, no hay un plan oficial, no hay letreros que seguir, solo te tomas el pulso, respiras profundo y te agarras de donde puedas.
Durante el mismo y con deseos de refugiarme en algo escrito que abrazara mi corazón encontré en una librería el libro de Paola Kaufmann (adivinen como se llama) La hermana.
Paola Kaufmann (Argentina) narra la historia de la familia Dickinson a través de la mirada de Lavinia (Vinnie).
Vinnie es la hermana menor de la poeta Emily Dickinson (1830-1886) Austin el hermano mayor y de la unión en matrimonio con Sue entran a escena Ned, Mattie y Gilbert.
Contando a Madre y Padre se suman nueve integrantes en la familia Dickinson.
Lavinia se lamenta de ser tachada como superficial, la pequeña de vestidos escotados, pretendientes y cancioncitas estúpidas. Pero a eso no da tanta importancia y Lavinia sobrevive a la familia como un mandato de las diosas, como si hubiera nacido solamente para ser espectadora de la vida de los otros, de su familia y atreverse en un punto a escribirla…
“De mi nunca se ha esperado que escriba. De hecho, nunca se ha esperado nada en particular. De Austin se esperaba el orden, Austin era la ley, y eso se pretendía de él. Emily, por el contrario, era quien tenía el noble oficio de pensar en esta familia de monarcas regios y autosuficientes.”
Lavinia entró a la habitación de Emily dos meses después de su entierro,(acompañada de sus dos gatos) el miedo la paralizaba, el miedo inmenso a descubrir lo que había dejado detrás de sí. De primera vista creyo encontrarla de espaldas a la puerta, ensimismada (como siempre) en su lectura, tomando apuntes, manchadas las manos de tinta.
Se quedó parada unos instantes sin evitar el llanto, y al posar sus ojos sobre las cobijas de la cama perfectamente estiradas sintió que ese cuarto le era tan extraño como lo había sido su propia hermana, su hermana que había querido tanto.
Recordó la procesión al cementerio, las palabras de nadie. Quince años de reclusión en su cuarto la llevaron al olvido y la convirtieron en misterio.
Atados en fasciculos fueron encontrados por Lavinia miles de poemas escritos por las manos de los veinte, de los treinta, cuarenta, y cincuenta años de Emily Dickinson.
Los coloco uno a uno sobre la mesa, sobre el piso, sobre donde pudiera, como quien analiza el camino de su propia historia.
Los dejo asi mismo por un tiempo mientras un solo deseo crecía en su corazón:
publicarlos.
Recurrió primeramente a su cuñada Sue. La amiga eterna de Emily y seguramente (no se sabe de cierto) su gran amor, para buscar apoyo en el proceso de publicarlos y Sue al final de dos años de pensarlo no se tarevió a hacerlo.
Entonces Lavinnia se vió limitada a preguntar a su último recurso que era Mabel LoomisTodd (conocida de la familia) la cual se convirtió en la amante de Austin, la pasión fallida de Ned, maestra de piano de Mattie y la que al final de los finales tomará como suya la obra de Emily Dickinson (heredando a su hija la obsesión por los mismos) asegurando en algun momento que ella fue la amiga intima de la poeta, cuando nunca la vío en persona. Ni viva, ni muerta.
El recuerdo es un sustituto demasiado pobre de la realidad; imposible predecir qué es lo que uno recordará con nitidez, e incluso hacer el esfuerzo de traer a la memoria algo en particular no sirve de mucho: uno recuerda como al azar lo que quiere y lo que no quiere, lo que sirve tanto como lo inútil. Pero más extraña es todavía la forma en que distintas personas recuerdan lo mismo.
El orden de la Muerte
Primero murio el Padre, tiempo adelante la Madre se cae de las escaleras y se rompe la cadera, queda en cama con los sentidos intactos y el cuerpo destrozado, se va muriendo poco a poco. Gilbert (el menor de los sobrinos) muere de una fiebre que lo fue debilitando lentamente. Emily le detectan la enfermedad de Bright (dolencia incurable de la sangre) que produce debilidad. Austin muere de un ataque al corazón. Después Ned y mas tarde Sue.
La cita
Lavinia camina y se asombra de todavia poder llegar con su poca fuerza a la tumba de Emily, con lirios en la mano le platica, le recuerda la magnolia de la casa, si la vieras parece vestida de blanco como una novia orgullosa.
A lavinia solo le quedan los muertos, los papeles, las cartas, los gatos y Maggie la mujer irlandesa que contra viento y marea continua haciendo las tareas de la casa.
Desde la muerte de Emily, Lavinia tiene un sueño repetido. Se ve sentada frente a la cama de Emily, esta última inconsciente desde hace semanas, la enfermedad la ha llevado a un lugar sin retorno, todo esta oscuro. El silencio se rompe por pequeños sonidos de madera que chocan (parecen quejidos). Sabe que no despertará, que no abrira sus ojos una vez más para despedirse, se siente sola, sabe que espera su muerte para dar fin a tanta agonía.
Lavinia se sumerge en imagenes que dan vida y al mismo tiempo muerte a su hermana, lucha desesperadamente. Se aferra a la mano de Emily y grita...despierta llorando, siente las manos de Emily entre las suyas, tienen su calor y sin embargo se da cuenta que no estan, que fue un sueño, aprieta sus manos contra nada, se ahoga en el vacio y siente como si ella misma estuviera muriendo...
Lavinia Norcross Dickinson murió el 31 de agosto de 1899. Dejó a Maggie algunas instrucciones acerca de otros poemas de Emily hallados en los últimos años.
Maggie desapareció después del funeral de Vinnie y nunca se supo su paradero.
Par de cosas le hizo prometer a Mattie (la única sobreviviente de los Dickinson) antes de morir Lavinia: la primera que quemara toda su correspondencia y la segunda que nunca cediera al dolor, ni a la sensación de orfandad.
Rotmi Enciso: Un alma
en concordancia con sus deseos
por Angélica Abelleyra
Su color es rosazul y tiene muy bien asumida tanto su naturaleza femenina como masculina. Las disfruta, las disecciona, las devela, las confronta y convierte a ambas en acción lúdica a partir del video, la fotografía, la pantomima, el dibujo y la escritura. Rotmi Enciso ( DF, 1962) es muchas en una. Y esa diversidad, más el mundo subterráneo a que la sociedad mexicana induce al asumirse abiertamente lesbiana, ella los transgrede y transforma en universos visibles y vivibles emparentados con su compromiso creativo y político, llenos de color, algunos silencios y mucha risa.
Nació como Rosa María Mendoza Enciso pero, cero convencional desde siempre, borró de su mapa personal los tres primeros nombres y los intercambió por Rotmi: esa soñadora infantil de imágenes congeladas como fotografías y quien no ha logrado amargarse, ni con la violencia que vivió de niña, ni por vivir como nómada en cines y vecindades. Al contrario, esas condiciones de vida le regalaron una fortaleza que asume con juego y compromiso, no sólo hacia su propio trabajo con la imagen fija y en movimiento, sino también en el activismo feminista y lésbico, fuera de las complacencias que a veces rigen a esos colectivos.
Muros del misterio (1993), Fem, tejiendo la historia (2001), El amor es una locura, gratuita e inevitable (2004), Miradas sin discriminación (2005) y Ellas/Nosotras. Masiosare (2006) son algunos de los videos que ha realizado con su grupo Producciones y Milagros Agrupación Feminista AC. Reflejan las inquietudes y placeres de feministas, lesbianas y otras mujeres discriminadas por ser empleadas del hogar, portadoras de VIH, trabajadoras sexuales o reclusas. En documental o ficción, recoge una memoria vital de esas mujeres que confrontan a la sociedad mexicana, tan llena de rechazos por la diferencia de pensamiento, preferencia sexual y acción política.
Desde pequeñita supo que le gustaban las mujeres, como la Nieves, que le abrió los ojos no sólo a su preferencia, sino a sentirse acompañada por otra alumna que suspiraba por idéntica niña. Ya no era la única en el mundo y eso le otorgó fuerza y confianza, de la misma manera que el amor por su género se afianzó ante la presencia de su madre y dos hermanas que, con ella, eran cuatro almas-saltimbanquis en el va y ven de la risa y el amor.
Lo primero que hizo fue tomar fotografías. No pensaba vivir de ello, pero cuando le pagaron por retratos de Chavela Vargas y de Nancy Cárdenas, aunó a su habilidad la acción feminista para darle rostro a sus colegas que buscan equidad en todos los ámbitos de la vida. Autodidacta por naturaleza, quiso tener bases teóricas y prácticas del arte y estudió en La Esmeralda, por lo que la pintura y el dibujo son también sus vías de conocimiento, al igual que la pantomima le da espejos para reflejarse en juego y silencio. Ella se ufana del taller que hizo en Harvard con Marcel Marceau, pero, sobre todo, de su atrevimiento al entregarle en plena función en Bellas Artes una carta para solicitarle una beca. Por supuesto, en aquella tarima el mimo ni lo advirtió, pero a Rotmi el impulso le dio más agallas de las que a simple vista demuestra, con todo y su naturaleza a veces tímida, otras chacotera, siempre neta.
Para ella, ser lesbiana es una postura política porque rompe las estructuras que el sistema social le otorga a las mujeres: un contexto de opresión en cuanto a formas de ver y llevar la vida. Por tanto, asume el contradecir al patriarcado imperante y ser vista como amenaza. Eso no le quita el sueño. Se plantó desde niña con los pies en tierra por sentirse diferente, lejos de roles establecidos. Y si bien acepta que en una relación lésbica pueden darse roles tan tradicionales como en una heterosexual, ella lucha a diario para no jugar ni otorgar planos secundarios a su novia, amigas o jefas de trabajo.
“¿Provocadora?” Rotmi sonríe con sus ojos rasgados y asiente. Es lesbiana porque simple y llanamente le da la gana. No ha perdido la espontaneidad y permanece algo ingenua, pero aprendió a estar alerta ante posibles agresiones de quienes no aceptan su apariencia lejana a los maquillajes y las zapatillas. Ahora ríe al acordarse de las pedradas que recibió en la puerta de su casa en República Dominicana porque la consideraban “pájaro” (chavo gay), mientras que en México el rechazo es de miradas condenatorias y gritos de “marimacha”. Ella ni se inmuta y sigue su sendero. Ese camino rosazul.

